El Chernobyl de HBO y la Cuba de Díaz-Canel

En la miniserie de seis episodios, emitida por la señal en mayo de 2019, hay dos escenas en las que el científico Valeri Legasov, interpretado por Jared Harris, explica qué es un reactor nuclear RBMK, y como funciona. Una está en el comienzo, cuando el delegado del Kremlin para el desastre, Boris Scherbina, Stellan Skarsgard, amenaza al físico con hacerlo arrojar del helicóptero que los transporta hacia Prypiat, ciudad aledaña a la planta donde se desató el desastre, y la segunda en el juicio público en el que las autoridades soviéticas sometieron a escarnio a los responsables del reactor.

La explicación, bajo amenaza al principio, y en el gran escenario de la Guerra Fría en el desenlace del melodrama, busca ser sencilla: El reactor produce electricidad a través de una turbina que gira impulsada por vapor de agua y utiliza como combustible un material esencialmente inestable, Uranio 235, cuyos neutrones chocan partiendo los átomos, fisión, liberando energía. Si nada modera su acción, la energía se libera indefinida y descontroladamente, por lo tanto, las barras van cubiertas de Boro, elemento que enlentece el flujo de neutrones, grafito y agua, que enfría el núcleo. A su vez, el proceso de Fisión produce un nuevo elemento, Xenón, gas tóxico que se quema con la temperatura del núcleo.

Aquí empieza la magia: Si la temperatura del núcleo es demasiado baja, el Xenón no se quema y genera inestabilidad, si se insertan demasiadas barras de Boro en el núcleo, el flujo de neutrones disminuye demasiado su velocidad, no se produce fisión y el reactor no genera energía y además no quema los gases tóxicos que produce. Si la temperatura es demasiado alta, el Boro y el grafito podrían derretirse, pudiendo provocar graves daños en la estructura, etc. En síntesis, y para terminar con el resumen de física escolar, lo que ocurre dentro de un reactor nuclear es, tal y como dice Valeri Legasov, una «danza», que a través de una controlada inestabilidad, puede energizar ciudades enteras sin encender un fósforo. Cuando las cosas salen bien.

Las sociedades donde un porcentaje relevante de la población siente o entiende colectivamente que vive bajo opresión, sea esta política, religiosa, cultural o económica, funcionan de manera similar.

Los grupos sociales que se entienden (y habitualmente son) víctimas de un sistema opresor, son una fuente inagotable de inestabilidad. Al igual que en el caso de los reactores, la receta debe ser multifactual, y ser diseñada e implementada con cuidado, a fin de no empeorar las cosas. A veces consiste en brutal represión, otras en estigmatización del grupo disidente (traidores, agentes pagados por el extranjero, meros delincuentes, vándalos), Etc.

Otras, más complejas, combinan un discurso duro, habitualmente diseñado para calmar a los “línea dura” en el régimen y sus partidarios, mientras se negocia en privado con los sectores opositores más organizados, como ocurrió en Chile a fines de los ´80. Hay otros ejemplos donde un sector moderado de la oposición colabora en un plan de transición con las autoridades, dejando fuera de la jugada a los sectores más radicales (transición sudafricana), etc.

Recetas abundan. Mas todas busca evitar los mismos fenómenos que se producen en el reactor: Que la cabeza del régimen llegue a tal punto de debilidad que sea reemplazada por un “línea dura” (autogolpe), que inicie una escalada de represión criminal, o que sectores radicales consigan llevar las cosas hasta un punto de ebullición tal que descabece el Estado, llegando a una guerra civil o a la dispersión del poder coercitivo de las armas con bandos armados entre milicias populares, fuerzas armadas y efectivos policiales buscando controlar las calles. Todo lo anterior, signo inequívoco de que la danza se ha interrumpido. Que alguien ha cortado la música.

En la Cuba de Díaz-Canel ocurre un fenómeno similar. Una crisis de baja intensidad permanente cuya temperatura se ha disparado de forma súbita debido a la crisis sanitaria. La baja en los ingresos por el turismo, que hace que la “clase media” cubana regrese a la pobreza estructural de la que busca salir permanentemente, sin acceso a moneda extranjera y todos sus beneficios, especialmente de diferenciación. La desaparición del CUC (Peso Cubano Convertible), que cierra el acceso a bienes y servicios a todo aquel que no cuente con ayuda directa del extranjero y pueda por tanto acceder a divisas. Todos estos elementos apuran el hervor de la crisis, y la presencia en el gobierno de meros administradores, sin el carisma y la puesta en escena histórica del titanes del Siglo XX, aumentan la osadía de quienes luchan por cambios.

El gobierno cubano ha buscado enfriar el reactor en las últimas semanas, permitiendo el libre ingreso de medicamentos e insumos escasos en la isla, eliminando además los impuestos de importación. Medidas consideradas irrisorias por los viajeros considerando la escasez de vuelos que salen y entran a la isla. Además, ha decidido trabajar en el sistema de remesas, severamente reducidas que reciben lo cubanos que residen en la isla, y que son el sostén de muchos tanto en la sociedad civil como en el gobierno. Hoy, alrededor de un 20% de las personas nacidas en Cuba viven en el extranjero, lo que constituye una suerte de “segunda isla” de trotamundos, más cosmopolita y con visiones más urgentes que los exiliados de primera o segunda generación que salieron hace décadas de la mayor de las Antillas, cuya carga ideológica anticastrista y anticomunista parece ser mucho mayor, especialmente en Miami.

En un plano más político, es cada vez más claro que la Revolución Cubana es un proceso atado irreductiblemente al Siglo XX, sin un lugar en el futuro. Las viejas leyendas de la Resistencia, el Combate y los héroes y heroínas de la Sierra Maestra, parecen alejarse inexorablemente del sistema de significados que está vigente actualmente en la isla y en los millones de cubanos alrededor del mundo. No será el 4G por sí solo el que termine con la famélica herencia de la Revolución Cubana, pero sin duda ayudará a diluir aún más el alguna vez impenetrable discurso y trabajo de propaganda del gobierno.

Hoy, no hay mucha más Cuba que la Chernobyl de HBO: La historia de un lamentable grupo de burócratas que, tratando de administrar de la mejor manera posible un sistema obsoleto diseñado en la Unión Soviética en los años ´50, y del cual ya no hay réplicas ni refacciones, tallan su lugar en el panteón de una historia sin héroes, hasta llevar las cosas al borde de una explosión tan irrefrenable como inevitable.