Felipe Berríos y la política migratoria de Piñera: “El gobierno da por hecho que los migrantes son culpables de todo, tal como culpó a los presos del 18-O sin juzgarlos”

El sacerdote es enfático en criticar las medidas del gobierno en la crisis migratoria que se vive en la nortina comuna de Colchane. Cree que, con el lenguaje instalado desde La Moneda, “están sembrando violencia”. 

Por José Robredo Hormazábal @joserobredo

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En abril de 2018, el recién asumido presidente Sebastián Piñera decretó la llamada visa de responsabilidad democrática, según expresó en su minuto, “en razón de la crisis democrática por la que actualmente atraviesa el país”, siendo la primera demostración de la política exterior de su mandato. En febrero de 2019 se presentó en Cúcuta, parte de la frontera colombo-venezolana, en medio del teatro de desestabilización que se creó con la oposición venezolana al gobierno de Maduro -que incluyó un festival y varios camiones con mercadería a los que se les perdió el rastro-, para insistir en que Chile tenía las puertas abiertas a quienes quisieran salir de Venezuela.

A poco más de dos años de esto, la comuna de Colchane es escenario del drama de cientos de migrantes, en su mayoría venezolanos, que intentan ingresar al país y se encuentran varados tras semanas de recorrido a través de las rutas andinas. Una crisis que ha provocado el endurecimiento de las medidas migratorias por parte del gobierno: aumento de las restricciones de los permisos, nuevos decretos de expulsión de más de un centenar de migrantes, e incluso se ha llegado a decir que las personas que no tengan sus papeles al día no recibirán la vacuna del Covid-19.

Mediapinta conversó con Felipe Berríos, quien ha sido crítico de la política desarrollada por el gobierno de Piñera en esta materia. El cura recalca que «el gesto de echar a cientos de personas nos deteriora humanamente».

¿La forma de tratar el tema de la migración es un reflejo de cómo se tratan los problemas sociales en el país, en general? ¿Queda la sensación de que no se tomaron en cuenta los “avisos” que se dieron en los últimos dos años?

Tal vez la rotación de ministros del Interior o, en general, la rotación de ministros, hace que no haya una línea clara en políticas sociales, considerando los problemas candentes que tiene la sociedad chilena, principalmente con los migrantes. La migración es un hecho en todo el mundo. Y en Latinoamérica ocurre que, mientras más se restringe la posibilidad de una salida regular, lo único que haces es incentivar la llegada irregular. He escuchado a distintos ministros y funcionarios de gobierno decir que los migrantes han entrado irregularmente -o bien usan el término ilegalmente-, y no hay forma de entrar legalmente a no ser que seas un turista que venga de Europa o de Estados Unidos, porque están casi todas las visas detenidas, incluso las de migrantes que llevan años en Chile y que postulan a regularizarse. Están obligando a la gente a entrar al país de forma irregular.

Y de paso se les criminaliza con los dichos de las autoridades.

Encuentro muy peligrosa la forma en que el gobierno comunica, porque está dando por hecho que los migrantes son los culpables de todos los males que vivimos, tal como culpó a los muchachos que están presos por las movilizaciones del 18 de octubre de los saqueos, los destrozos y de ser todos delincuentes, sin siquiera ser juzgados todavía. Eso es muy peligroso porque puedes crear un odio hacia la gente, tal como hizo el nazismo en Alemania. Entiendo que para muchos los migrantes son un problema, y lo que hacen son asaltos, robos, quitan el trabajo y espacios en la salud.

Finalmente le pone más bencina al fuego con el relato que se construye.

Estamos en un cambio profundo en la sociedad chilena desde el 18 de octubre, el cual nos ha llevado a una salida democrática que es la Convención Constitucional. Es complicado que el gobierno no aporte a este clima de diálogo. Al contrario, con el lenguaje que usan los ministros están sembrando más violencia. Las declaraciones del vocero de gobierno, del ministro del Interior y del subsecretario, son de una violencia que se grafica en el acto de los tres ministros en Colchane, lo que se parece a la Caravana de la Muerte, subiendo a todos vestidos de blanco a un avión. El país está harto de violencia y necesita más diálogo.

Aislarse de los vecinos de la región también es violento, y eso se transmite en los diferentes barrios del país. ¿Se está naturalizando el maltrato al migrante? 

Exactamente. Hay otra violencia menos notoria: cuando se empuja a que se concentren en ciertas ciudades y ciertos lugares, donde se violenta a la gente que vive en esos barrios. Si los incorporas a la sociedad serán muy diferentes; en caso contrario, es obvio que se generarán los problemas. Con la pandemia, nos hemos dado cuenta que somos de Latinoamérica y que no podemos ser indiferentes a los problemas que tengan en otros países, por la razón que sea. Necesitamos que se repita el gesto de donar 40 toneladas de oxígeno a Perú. El gesto de echar cientos de personas nos deteriora humanamente.

Incluso entre ese grupo había 40 personas con Covid.

Es que hay situaciones dramáticas. Recorrieron el continente entero a pie. Además que fueron invitados por el presidente. El presidente viajó para invitar a los venezolanos. Tenemos que cambiar el ambiente para el proceso constituyente y dejar la hostilidad para el resto de los países.

El canciller Allamand dice que “se acabó el chipe libre”

No hay ningún chipe libre. El Canciller debe ser más honesto y decir que no hay manera de entrar como migrante a Chile: no dan visas. Entonces la gente está obligada a entrar por otro medio. La gente está desesperada porque tiene familiares acá. Pasa una cosa que preocupa mucho: cuando expulsaban a los venezolanos decía que la vacuna no era para todos, lo que es una tontería porque la gente se asusta. Yo vivo en un campamento donde un tercio es boliviano, un tercio colombiano, un tercio haitiano, y tienen miedo de irse a vacunar porque los pueden expulsar. Estas frases lo único que crean es odiosidad hacia los migrantes, y también, por otro lado, un miedo de los migrantes de acercarse a las autoridades. Sólo se incentiva que las mafias sigan apoderándose de los migrantes dentro de Chile.

Algo similar a lo que está pasando con el narco.

Claro, si no está presente el Estado siempre estará presente el narco.

También hay un tema cultural: antes nos decían que éramos los ingleses de Latinoamérica y mirábamos por debajo del hombro al resto de la región.

En la historia hemos tenido muchas inmigraciones, pero la diferencia está en que las organizaba el Estado, y no el mercado. Además eran europeos, entonces la gente le abría el corazón y la patria. Ahora, como son latinoamericanos, afroamericanos o amerindios, salta todo nuestro clasismo de sentirnos superiores, de sentirnos distintos. Eso es muy triste, porque nuestra riqueza es pertenecer a Latinoamérica. ¿Por qué esconderlo?

El proceso constituyente que surge de la movilización social tiene un eje muy particular que es la “dignidad”. ¿La situación de la migración es otro ejemplo de cómo la clase política no ha escuchado a una sociedad que pide, precisamente, dignidad? 

El estallido tenía como tres ejes. Uno el que tú planteas, la dignidad: un trato distinto entre los chilenos, no más abusos. Segundo, un trato distinto con las mujeres. Y tercero, que los jóvenes exigen algo distinto a lo que existía en el país. Creo que han sido muy torpes a la hora de escuchar esas peticiones. Por eso tengo mucha confianza en la Asamblea Constituyente.

¿Cómo ves el rol de la Iglesia en este tema? Aún cuando tiene a varios miembros del arzobispado migrantes.

Y habiendo sido Jesús un inmigrante. Yo creo que hay que distinguir a la Iglesia pueblo, que son los que se manifestaron el 18 de octubre, los que están en los hospitales, los que sacan la basura o en las ollas comunas. Esa Iglesia está activa y viva. La que se ha quedado sin palabra y mirando para el lado es la jerarquía de la Iglesia, por lo que creo que hay que hacer un cambio radical en la Iglesia Católica. Debemos incorporar a las mujeres en la jerarquía; los curas debemos vivir de nuestro trabajo; la jerarquía no debe sentirse dueña de la Iglesia, que fue lo que resolvió el Concilio Vaticano II hace 50 años y se ratificó en Medellín y Puebla. Hubo un retroceso con Juan Pablo II y los papas que le siguieron. La jerarquía se ha separado del pueblo.

¿Existe alguna disputa entre la jerarquía y el pueblo católico?

Más que disputar la jerarquía, no ha sabido acompañar las cosas que ha ido sufriendo y viviendo el pueblo de Dios. No supo escuchar. Ese pueblo fue el que estuvo el 18 de octubre.