«Hay que ser supremamente pelotudo para ningunear al género negro».

Entrevista a Bartolomé Leal

 

Por Gonzalo Hernández S.

 

Conversamos con Bartolomé Leal, prolífico escritor, novelista, cuentista y activista del género negro criollo. Responsable directo de iniciativas tales como la colección de novelas «La Otra Oscuridad», y la revista literaria virtual «Trazas Negras», Leal se explaya en estas líneas acerca de lo bien que le vienen los encierros para dar rienda suelta a su escritura. También de su amistad con Germán Marín, las precariedades lectoras de nuestro país, sus futuras entregas novelescas, y la intrincada relación entre la vida, la muerte y la literatura.

Eres uno de los autores más prolíficos de la literatura chilena actual, siendo publicado en numerosos países e incursionando en distintos formatos, no solo en el género policial/criminal sino a un nivel mucho más amplio. Es como si tu currículum de escritor fuese en sí mismo una novela de aventuras. ¿Nos puedes contar cómo ha sido esa experiencia vital, a grandes rasgos?

 

Mi trayectoria vital se resume en ese paseo de la nada a la nada que esconde la continua espera de la muerte, consciente o inconsciente. Fredric Brown, gran maestro del género negro y la ciencia-ficción, amén de genio de las paradojas, decía que uno nace con una enfermedad incurable, que es la muerte, no hay cómo escaparle. A veces la muerte se adelanta y esa tarea sucia la hace el asesino, que puede ser una persona, un virus, un accidente, una falla mayor de la carcasa corporal. “Vivir es muy peligroso” decía un personaje de Guimaraes Rosa. Por ahí alguien me sopló que el poeta Horacio había soltado aquello de “non omnis moriar”, no morirás del todo, y por tanto había un espacio para dejar huellas, la literatura, en lugar de buscar vanamente la inmortalidad aferrándose a religiones. Y en eso he estado por décadas, bien, mal o regular, en los países en que me tocó vivir, motivado también por esa inutilidad de arraigar cuando vamos derecho a diluirnos y también porque carezco de veleidades patrióticas, tribales o corporativas. Aquello se lo dejo a los demás; me dan insumos para escribir, precisamente. ¿Aventuras en mi vida? Sí, tal vez, aunque nunca tan llamativas como las de Allan Quatermain, Fantomas o el capitán Chimista.

 

 

Tus últimos libros publicados, «Memorias de un Asesino en Serie» y «Femicidios a la Carta», son radiografías de personajes altamente perversos y en violenta oposición con los valores del mundo moderno, contrastando en ese aspecto con otras obras más «tradicionales» de tu catálogo, como «Morir en La Paz» o «En el Cusco el Rey». En tus próximas ficciones, ¿piensas seguir explorando en ese territorio oscuro, o podemos esperar un retorno a formas más clásicas?   

 

Creo firmemente que en la vida nos rige el azar. Y en ese plano la literatura, la escritura más exactamente, también obedece a situaciones fortuitas catalizadas por momentos inexorables en esa trayectoria vital de que hablábamos. Publicar (hacer público) no coincide con los tiempos de escribir. Tengo manuscritos antiguos, de décadas en algunos casos, que esperan pacientes, oscuros y empolvados (en gavetas o en la realidad virtual), su oportunidad. Tengo otros más recientes que por obra de la casualidad llegan o están por llegar a la cima. No puedo garantizar nada. En lo que viene, Misterios de Quito es un libro amable, un monje detective en la Colonia, quizás exuda nostalgia por mis tiempos de católico. Sombras en La Cresta es una novela panameña, cenagosa, acalorada, plagada de personajes vomitivos. Tránsitos Andinos se mueve por las alturas altiplánicas, entre la perturbación mental, las aberraciones sexuales y la rabia. ¿Las veré en vida a estas novelas en las manos y ojos de lectores?

 

Hay quienes te han definido, literariamente, como un activista del noir chileno, debido a tu infatigable labor de difusión (en entrevistas, antologías, colecciones editoriales, etc.) de autores que se animan a escribir en el género en cuestión. ¿De dónde nace esa vocación, y cómo ha ido evolucionando de la mano de los vertiginosos cambios que la tecnología trae consigo?

 

Disfruto de la cercanía de los colegas que practican el noir en literatura. A veces me conforta. Si la industria editorial nos es veleidosa, pienso que ayudar en acopiar esfuerzos para salir adelante es una estrategia válida. Muchos y muchas colegas tienen las mismas inquietudes que yo tengo, parecidas frustraciones y momentáneas alegrías. Por eso me interesa hacer de activista literario, como dices, por encima de otras cosas, como la política o la vida social, que me dan la lata más profunda. A veces elucubro que algún día se acabarán los computadores, agonizarán los servidores, se desharán los diskettes y los discos duros, los pendrives y los telefonitos irán masivamente al vertedero, y todo aquel vértigo que consideramos las nuevas tecnologías en la producción de libros, colapsará. Los viejos libros en papel tendrán quizás una vida más larga. Así como vamos no es una predicción vana, me parece.

 

 

Sabemos que estás detrás de la colección «La Otra Oscuridad», en colaboración con Espora Ediciones, un inédito proyecto que busca la promoción de narrativa noir latinoamericana. Háblanos un poco de las satisfacciones y dificultades que implica sostener este esfuerzo en un medio tan acotado como el nuestro.   

 

Tenemos un medio literario realmente precario, para qué nos engañamos. No somos nada en este paisito marginal, piñufla, apocado, que alguna vez tuvo ínfulas y las perdió por completo. Ahora se destruye a sí mismo, ciegamente. La colección que señalas nació para ver si los noir ganamos espacio escribiendo bien y breve, libros lo más baratos que se pueda, variados, entretenidos (aunque algunos más que otros). No podemos seguir peinando cada más más canas y perdiendo cada vez más pelo, rogándoles a los editores que nos pesquen, o al Estado que nos subsidie. A causa de eso, abogo por seguir adelante hasta cuándo se pueda, como los lemmings del cuento de Richard Matheson.

 

También sabemos que eres el principal gestor del proyecto «Trazas Negras», que se promociona como «una revista de géneros oscuros». ¿Nos puedes contar más de esta publicación digital, en qué consiste y de qué modo acceder a ella?  

 

Desde la infancia he sentido atracción hacia el género revisteril, como diría Toño Freire. En tanto lector de “El Peneca”, “Barrabases”, “El Pingüino”, “La Pequeña Lulú” y el “Doctor Mortis”, entre otras. Participé después en dar a luz y en inhumar a la revista de cine “Enfoque”, que tuvo sus seguidores (yo quería que se llamara “Cinefilia”). “Trazas Negras” aúna los esfuerzos míos y de Iván Martínez, un editor talentoso y jugado. Llevábamos sus buenos años rumiándolo. Estamos contentos con el resultado y también los escritores porque tienen allí un espacio acogedor, por ahora solo en la Nube, para publicar sus cuentos, reseñas, artículos y comics; esto en el noir, la ciencia-ficción, el horror y otros géneros que hemos llamado “oscuros”. Se puede acceder a los 6 números publicados hasta la fecha en 2020, por $600, en el sitio www.deLibros.cl

 

¿Cómo te ha afectado esta pandemia en tus dinámicas de escritura? ¿Cuál ha sido tu estrategia para que tu producción no decaiga en este difícil escenario?

 

A mi, los encierros me vienen bien. Pasé varios años arrinconado en una pieza cuadrada sin puertas que llamé “El Cubo”, donde escribí una novela de autoficción que se llamó “Gomitas calientes”, de 1000 páginas, que luego fui descuartizando para hacerla libros más cortos. Rescaté allí parte importante de mi pasado, para combatir el inevitable deterioro del cerebro que le lleva el envejecimiento. Todo eso a pesar de que en el Cubo me dieron dos infartos, batallé contra el Diablo (la tentación del suicidio), y me asaltó un tumor canceroso. Los he superado hasta ahora. ¿La actual pandemia? Buena también. Salieron la revista «Trazas Negras», la colección «La Otra Oscuridad», varios libros, vi mucho cine gracias a mis buenos y baratos contactos en el mercado persa. Para qué seguir, voy a caer mal.

 

Fuiste amigo, o cercano, de Germán Marín, fallecido el año 2019, quien probablemente sea el último gran titán de la literatura chilena. ¿Tienes alguna historia junto a él, literaria o extraliteraria, que puedas compartir con nuestros lectores?

 

Murió hace un año. Lo echo de menos. Lo había dejado de frecuentar por un tiempo, aunque ya cerca de su muerte, tuvimos bastantes encuentros cercanos, para conversar un café, una pílsener o un crudo. Muy jodido de salud, pero perfectamente lúcido de la cabeza, menos divertido tal vez (por los dolores que soportaba), aunque siempre con sus salidas ingeniosas y su portentoso talento para el sarcasmo. Creo que la injusticia cometida con él al no darle el merecido premio nacional, lo deprimió demasiado. Sobre todo, que fue pasado a llevar por una autora insignificante que contaba con apoyos políticos en el mundillo “progre”. Habiendo sido Marín uno de los fundadores de la revista “Punto Final”.

 

 

Pareciera que el policial ya no es un género subvalorado, o ninguneado, sino que es una narrativa que tiene algo más de acogida en las editoriales y que, dentro de las limitaciones del medio, logra recepción crítica y es materia de estudios académicos. ¿Estás de acuerdo con esta apreciación, y, de ser así, a qué razones atribuyes este fenómeno?

 

Creo que hay que ser supremamente pelotudo para subvalorar o ningunear al género negro. Solo en este país se dan mentalidades así. En muchos países, y en regiones o provincias de países, en ciudades y pueblos, hay interés tanto por la producción mundial como la local. Hay cariño y respeto entre escritores y lectores. Lo he visto incluso en Haití, donde me tocó trabajar. Escritores heroicos que se lo aguantan todo para estar ahí, donde la interfase cielo/suelo palpita. Igual creo que en Chile son dignos de encomio algunos esfuerzos editoriales y académicos que se hacen para mantenernos vigentes. Aunque con dificultad. En este país no hay prensa cultural, no hay revistas ni críticos competentes, no hay inteligencia aplicada sino puras ganas de hacer marketing y ganar plata, o de carretear bebiendo cerveza mediocre y piscos letales. Con ese panorama estamos cagados, simplemente.

 

¿Qué autores –tanto chilenos como extranjeros- recomendarías por estos días a los lectores de Mediapinta? ¿Algún título que te haya cautivado en el último tiempo?

 

Aquí les voy a fallar. Estoy leyendo poco del rubro ficción. O quizá debería decir estoy leyendo mucho. Manuscritos para las colecciones mencionadas, sobre todo, las cuales hay que revisar y editar, en especial cuando se trata de escritores noveles o mañosos (de toda edad). Hay que traducir a autores clásicos, preparar reseñas. Y bueno, para mis propias obras leo antes que nada libros de referencia. Y están las películas, que se roban el tiempo disponible. Por suerte sufro de insomnio. En “Trazas Negras” hemos inaugurado una sección de cine negro y hay que alimentarla con análisis serios y recomendaciones precisas, no con opiniones al pedo. También quiero trabajarle a la vieja ciencia-ficción cinematográfica. Hay allí joyas inmarcesibles (palabra que parece venir del marciano). Como una película danesa de 1918, muda, titulada “Viaje a Marte”. A eso estoy bastante abocado.