El Artificio de ser Transgresor

El Regreso de Bret Easton Ellis.

Por: Gonzalo Hernández

 

«Blanco» (Random House, 2020), es la última publicación del escritor estadounidense Bret Easton Ellis. El autor de American Psycho, su novela más conocida y controversial, regresa luego de un silencio editorial de casi diez años con este libro. Una colección de ensayos con toques autobiográficos en los que repasa parte de su infancia, revisa sus películas favoritas, pero sobre todo elabora una crítica a la cultura digital de nuestro tiempo, a la que acusa de practicar un totalitarismo contrario a la libertad de expresión, amparada bajo la dictadura de lo políticamente correcto que rige en las distintas redes sociales.

Bret Easton Ellis es autor de novelas tan icónicas para la cultura de nuestro tiempo como Menos Que Zero y American Psycho, esta última sin duda su título más renombrado y por el cual obtuvo fama mundial, marcando a toda una generación de lectores.

Además de escritor, Ellis es también guionista y productor de cine y televisión. Ha trabajado con directores como Gregor Jordan y Paul Schrader, situaciones que aparecen ocasionalmente en este libro, el cual se promociona como una autobiografía pero en rigor termina siendo algo bastante distinto.

Es por eso que si alguien lee Blanco buscando una detallada descripción de noches de fiesta, sexo y cocaína, como sucede en muchas de las ficciones de este autor, de seguro se llevará una decepción. Esto es más bien una colección de ensayos heterogéneos con ciertos elementos autobiográficos, los cuales se centran en distintos tópicos que giran en torno a una obsesión: desenmascarar los mecanismos de censura y corrección política que rigen la cultura de nuestro tiempo.

Así, el libro busca denunciar una suerte de totalitarismo de la era digital, una tiranía que se opone violentamente a la auténtica libertad de expresión y que lleva a millones de usuarios en redes sociales a anular toda forma de autenticidad propia, por miedo a ser censurados, silenciados o castigados por sus opiniones. «Blanco» está dividido en ocho capítulos, de los cuales solo dos podrían considerarse como algo cercano a unas memorias propiamente tales: el primero, titulado «Imperio», en donde Ellis revisa su infancia en los años 70 a través del recuerdo de sus películas de terror favoritas, las cuales, según nos dice, contribuyeron a formarlo como adulto, haciéndole entender que el mundo está lejos de ser un lugar ideal, moldeado para nuestro gusto y conveniencia. Un argumento que posteriormente retomará para articular su crítica a nuestra era digital.

Algo similar encontramos en el tercer capítulo, denominado «Alter Ego», donde el autor rememora su experiencia escribiendo American Psycho. Aquí hay algunas anécdotas que podrían interesar a los fanáticos de esta novela, como por ejemplo el momento en que el autor decide convertir a su protagonista, Patrick Bateman, en un asesino serial; o bien la manera en que el crack bancario de 1987, conocido como el lunes negro de Wall Street, influyó en el desarrollo de esta obra.

También es interesante, aunque visto desde otro ángulo, su insistencia en la posibilidad de que los crímenes de Bateman (entre los cuales se cuentan algunas violaciones narradas con lujo de detalles) sean una suerte de sueños o delirios imaginarios de su personaje. Es como si el autor quisiera redimirse de algo escrito 30 años atrás, o tal vez restarle controversia a la que sin duda es su obra más polémica; consideremos que este ex niño terrible de la literatura norteamericana es hoy un adulto de 56 años, y que además siempre, según él mismo reconoce en el libro, ha tenido el deseo de encajar en sociedad, algo que hoy no es tan fácil de lograr mostrándose salvaje o deslenguado, como lo era a principios de los años 90.

El resto del libro puede leerse como una serie de ensayos de desigual nivel. Si bien cada uno gira en torno a un tópico en común, no todos logran la misma claridad y profundidad en su afán crítico. Esto puede deberse, en parte, a la gran cantidad de páginas que el autor dedica a revisar y analizar un ampio catálogo de películas, no todas las cuales terminan de entenderse en cuanto a sus objetivos.

Ellis es un cinéfilo que desde joven se codeó con el mundo de Hollywood, por lo cual está familiariado con sus usos habituales, y también con sus excesos y excentricidades. De este modo, el libro tiene escasas referencias a la literatura (salvo en lo referido a sus propias obras) pero sí un sinnúmero de menciones a figuras de la cultura pop estadounidense, tales como Richard Gere, Whoopi Goldberg, Tom Cruise, Oprah Winfrey, entre muchos otros. Un recurso que por momentos no acaba de cuajar.

Por ejemplo, hay un extenso apartado en donde el autor expone sus criticas a la película Moonlight (Luz de Luna), la ganadora del Oscar del año 2017 que trata sobre un homosexual afroamericano que debe soportar una serie de maltratos, agresiones y discriminaciones de parte de un entorno hostil. Ellis, que se autodefine como un gay blanco de clase privilegiada, no termina de ver con buenos ojos la victimización que impregna a esta cinta de modo forzado, según su criterio. Como un producto hecho a propósito para encajar con los criterios políticamente correctos en boga.

Asimismo, sus disquisiciones en torno al rol de Charlie Sheen en su famosa comedia Dos Hombres y Medio, resultan largas, repetitivas, y a la postre insulsas. En suma, el autor no siempre logra dejar en claro sus intenciones a través de estas descripciones, dando un aspecto de dispersión al conjunto del libro, que por este tipo de detalles a veces parece como un conjunto de posteos de un blog sin un claro propósito de unidad.

Con todo, y sin llegar a ser brillante, su crítica a la modernidad digital tiene ciertos momentos de lucidez interesante. Como cuando remarca que no sería justo achacarle todos los males de nuestra era a la generación millenial, sino más bien al conjunto de la comunidad cultural, compuesta por sujetos de distintas edades, que aceptan una serie de reglas, dictadas por las redes sociales, que en su esencia son intolerantes y contrarias a la libertad de expresión, más allá de la corrección política que emana de su discurso. Una ideología que no se interesa por la cultura, el arte o la literatura, y que lo que busca es imponer una visión del mundo maniquea con pretensiones de universalidad. Es decir, justo lo contrario a una idea de diversidad.

Otros tópicos son tratados de manera más liviana, bordeando lugares comunes. Como por ejemplo, cuando remarca que la espontaneidad es castigada en los actuales tiempos, con usuarios de redes que han pasado a ser actores obsesivamente preocupados de interpretar un papel correcto por temor a generar rechazo en sus comunidades. También cuando se burla de la que denomina «Generación Gallina», en obvia alusión a los millenials, y en particular de su ex novio, veinte años más joven que él, quien viene a ser el objetivo favorito de muchos de sus sarcasmos. O cuando sostiene que las antiguas generaciones tendrían una mayor fortaleza y tolerancia al fracaso, al haber crecido en un mundo hostil e injusto, pero en el cual aprendieron a sobrevivir sin demasiados cuestionamientos, o bien relegando estos últimos a cierto momento de la adolescencia ya «superado».

El libro puede que genere su mayor polvareda en la parte final, cuando describe lo ocurrido en su país tras la elección presidencial de Donald Trump, el año 2016, momento en que la sociedad norteamericana se polariza violentamente, con acusaciones cruzadas de fascismo por parte de ambos bandos, además de un sinfín de microagresiones que van desde el silenciamento corporativo de las compañías de Hollywood hacia quienes difieren de la opinión permitida, hasta el distanciamiento de parejas, familias y amigos, por motivos de intolerancia política. Un diagnóstico que no deja de tener relevancia en nuestros agitados tiempos, y en particular en un país como Estados Unidos, en donde, recordemos, la práctica de la caza de brujas ha sido una constante en su historia, bajo múltiples excusas.

Cuestionable, irónico, muchas veces artificiosamente provocador (como en el capítulo que dedica a describir las reacciones de su Twitter, sin duda el más prescindible del libro), «Blanco» puede leerse como el alegato de un autor contra una época en la cual no logra encajar, o bien como una serie de bocetos ensayísticos que buscan defender cierta idea de libertad perdida, con desiguales momentos de lucidez en su desarrollo.